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¿De verdad se ahorra cuando el niño no come en casa?

En plena vuelta al cole, y sumergidos ya en todos los gastos que esto supone, prestamos atención sin duda a cuestiones relevantes pero a las que una vez tomada la decisión pertinente no solemos regresar. Una de estas cuestiones es la decisión de comer en el colegio o comer en casa. Sobre esta decisión existen diversos condicionantes, sin duda el económico es uno de ellos. ¿De verdad se ahorra cuando el niño no come en casa?

Hay que precisar de entrada que este es uno de esos asuntos polémicos en los que cuesta mucho ponerse de acuerdo, pero también, en los que cuesta llegar a una conclusión definitiva como veremos a continuación, y, es que, no sólo entra en juego la cuestión monetaria (que obviamente es importante) del coste en sí de los comedores escolares.

vuelta al cole

Precios que hacen imposibles las medias

Uno de los puntos de mayor fricción en esta época complicada de los gastos de la vuelta al cole surge cuando los medios reflejamos diversos estudios relativos a los costes promedio de las cosas. En estos costes promediaron realmente no se ven reflejados en la mayoría de los ciudadanos, sin embargo, el motivo y la explicación es muy simple; la diferencia de gastos ante las mismas prestaciones entre dos puntos diferentes de nuestra geografía puede resultar elevadísima.

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Esto, aplicado al coste de los comedores escolares, se convierte en una pequeña locura cuando se intenta establecer un precio medio a partir de los costes que presenta este concepto en las diversas comunidades autónomas, y es que incluso dentro de las comunidades autónomas las diferencias pueden ser sustanciales si, por ejemplo, intervienen las autoridades locales a través de determinadas subvenciones o no…

Por tanto, lo primero que constatamos es la dificultad para establecer un precio medio real que aunque diversos estudios colocan sobre los 90 euros mensuales en el caso de los colegios públicos, 110 en los concertados y 130 en los privados probablemente se trate más de cifras orientativas que de números promedio acertados, y esto es así porque las horquillas de precio sería tan amplias que prácticamente no merece la pena recogerlas.

Dicho lo anterior, y pensando sólo desde el punto de vista económico, también comenzamos a comprender que, efectivamente, la posible rentabilidad y ahorro que puede surgir del uso de los comedores escolares es tremendamente relativa y va en función de un gran número de elementos difíciles también de plasmar; es decir, cada caso prácticamente se puede afirmar que es diferente a otro  incluso viviendo la misma ciudad.

vuelta al cole¿Pero se ahorra o no se ahorra con los comedores escolares?

Teóricamente la respuesta inicial debiera ser si, pero, como ya hemos visto no es tan sencillo. Para las personas con un alto control de su economía doméstica va a resultar relativamente simple calcular la mejor opción, esto es así porque estas personas tendrán computado el gasto en alimentación general de su familia y serán capaces con un margen de error pequeño de determinar en una comparativa si efectivamente el costo del comedor resulta más económico que comer en casa, sin embargo, para el resto, para la gran mayoría que no afina tanto el control de sus gastos, la cosa va a depender más del ojo ya que los márgenes de diferencia realmente no son tan elevados.

Desde luego, si se cuenta con comedores subvencionados o becas de comedor, que reducen los precios de manera notable es muy probable que efectivamente exista un ahorro considerable con respecto a comer en casa, pero, estas becas suelen ser limitadas, ni siquiera existen en todo el ámbito de nuestro país, y se suelen identificar con núcleos familiares que atraviesa por dificultades económicas (aunque no siempre).

A partir de estas consideraciones el cálculo efectivamente se vuelve elemental, probablemente si en vez de un hijo son dos o más los que deben quedarse al comedor y no se cuenta con descuentos o subvenciones al costo total sea más elevado que si los niños comieran en casa, por otro lado, efectivamente debemos incluir en esta ecuación cuestiones como la disponibilidad de tiempo para la preparación de las comidas y las compras ( un problema creciente y que muchas veces obliga a la elección del comedor aún no deseándolo).

Probablemente, el calculo que usted pueda hacer será muy distinto al que yo tengo que hacer o al que otra familia a unos escasos kilómetros de distancia, no hay una respuesta clara, lo que para unos efectivamente supone un ahorro para otros supone una carga inasumible.

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